


Dejé mi pito reposar un rato en su cavidad, y luego empecé un violento mete
saca que, en pocos minutos, me hizo llenarle su agujero con un poco de leche (no
quedaba mucho). Me eché al lado de ellos, y Mirna dejó de chupársela a Raúl,
para cabalgarlo nuevamente, haciéndolo venirse rápidamente. Entonces se tendió
a mi lado y dijo: "Raúl: es hora, cabrito, de que tus jugos regresen a
ti". Abrió las piernas y atrajo la cabeza de mi amigo a su sexo. Yo la besé
–me encanta besar-, aunque la boca le sabía un poco a semen. Ahí estuve, sobándole
las tetas, besándola, mientras Raúl terminaba su trabajo.